Y te das cuenta de que todo es mentira. Que algo en lo que habías estado creyendo durante meses era una simple patraña. Que a nadie le importaban tus sentimientos, que sólo le importaban él y que su lista de novias creciese. Que no le importaba si estabas enamorada, ni si tú ponías todo el empeño en que eso saliese adelante, a pesar de todas las dificultades. Que dejases de lado cosas importantes para atenderle a él, o que hicieses un sacrificio enorme para que él estuviera contento; sacrificio, por otra parte, que nunca te agradecería.
¿Para qué? Si dentro de dos semanas estará con otra, o lo que es peor, estará contigo y con otra a la vez. Te das cuenta de que eres otra más, otra más de su larga lista de chicas con las que ha salido, como si eso fuera una competición con sus amigos de 'a ver quién se folla a más'.
Y es en ese momento cuando quieres ir hasta donde esté él y decírselo todo a la cara. Decirle que cómo coño se ha atrevido a jugar así con tus sentimientos, y decirle cosas hasta quedarte sin aliento. Y es en ese momento cuando la distancia vuelve a joderte.